Las sospechas sobre el voto por correo para las próximas elecciones en Melilla avivan los fantasmas sobre el proceso electoral en la era de la partitocracia.
Los partidos políticos son devoradores de votos. Y en una democracia todavía joven e inmadura, donde la sociedad civil es tan débil, la presión electoral arrasa con las reglas de la democracia formal.
Cuanto menos participativo -por capacidad o vocación- es el ciudadano, más amenazada está la libertad de su voto.
Cuando las reglas de la democracia formal se quedan cortas para los trucos electorales clásicos, la nueva democracia para ciudadanos ciborgs anuncia la obsolescencia de las leyes electorales, desbordada por la ciberpolítica y la ciudadanía 3.0.