Nueva socialdemocracia

Interesante entrevista la que publica hoy el diario El Correo al padre intelectual de ‘La Tercera Vía’, el sociólogo Anthony Giddens. Algunas de sus reflexiones sobre la renovación de la socialdemocracia:

(…) La vieja izquierda confiaba en el Estado, lo identificaba con la esfera pública. «Pero el Estado puede ser», según este sociólogo de la socialdemocracia, «el enemigo de la esfera pública, cuando es demasiado burocrático, ineficiente, no responde a las necesidades de los ciudadanos o está controlado por los intereses de los productores, del mismo modo que ocurre con los mercados». La esfera pública de Giddens es una definición del bien común y él propugna que el Laborismo «acentúe su afán igualitario y se identifique con las mejores políticas socialdemócratas, las que se desarrollan en países escandinavos, pero también en Nueva Zelanda, España o Chile».

La segunda idea es que la protección social del Estado beneficencia ha tenido un enfoque defensivo tras la II Guerra Mundial. Giddens dice que la sociedad moderna exige protección positiva. «El Estado no puede defender puestos de trabajo en la economía globalizada, pero debe centrarse en capacitar a sus ciudadanos para que puedan encontrar empleo», dice. O que la sanidad debe ser enfocada hacia la cuestión de la forma de vivir y no sólo centrarse en curar la enfermedad.

La galería de medidas que propone Giddens para la renovación laborista es muy amplia. Servicios públicos aunque sea mediante empresas privadas o públicas han de ser avanzadas. Pago módico de la asistencia sanitaria. Exigencia de responsabilidad social a los ricos, sobre el medio ambiente pero también en la filantropía. Hay que acabar con la discriminación por edad, invertir más en los jóvenes que en los viejos, pero liberar a éstos de trabas para seguir trabajando. Es un ideario de igualdad…
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Una respuesta para “Nueva socialdemocracia”

  1. Edu Dice:

    Como todas las teorías político-económicas, esta tiene un riesgo. Prestar servicios públicos a través de empresas privadas permite una mayor agilidad y libera de ciertas ataduras e ineficiencias, pero se arriesga la calidad del empleo y la del propio servicio, ya que el acceso de los empleados se escapa del derecho administrativo, que marca criterios de igualdad, mérito y capacidad. Un límite debe de haber.

    Parece que aquí, el nuevo estatuto del funcionario pretende acercar más el derecho administrativo a este tipo de empleos-servicios. A ver si consigue evitar los riesgos y aprovechar las ventajas.

    De cualquier modo, la tercera vía siempre será permeable a los “vicios” de las otras, pero eso es lo que la hace mejor: que es modulable.

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